Hay libros escritos con tinta, y otros escritos con el corazón. Con el alma en la maleta pertenece a estos últimos: no es solo una autobiografía, es un diario emocional de una mujer que sobrevivió a la pobreza, al exilio, a la maternidad en soledad y a las cicatrices invisibles que deja el amor cuando se entrega por completo.
Marta Acosta no se limita a narrar; abre las puertas de su alma con la sinceridad de quien ya no tiene miedo de hablar.
Su voz es clara, valiente, libre de adornos innecesarios. Aquí no hay victimismo, sino dignidad. No hay lamentos vacíos, sino lecciones tejidas con dolor, humor y esperanza.
Este libro es una declaración: la maternidad es un acto político y espiritual, la migración es una ruptura que también puede dar alas, y el amor—incluso aquel que no fue correspondido—deja marcas que moldean quiénes somos.
Leer a Marta es viajar con ella. Es llorar en el camino mientras corre con su hija en brazos, es ver a un niño silencioso cruzar una piscina en silencio, es comprender que algunas batallas se libran en la cocina, en la sala de espera de un hospital o en el silencio de la noche de un migrante.
Pero también es celebrar pequeñas victorias: el primer trabajo, la flauta que devuelve una sonrisa, el ahorro para un juguete, la frase que dice “sí, existe”.

