En la penumbra de la librería Estación del Tiempo, en una calle solitaria de Madrid, el periodista Harby Prudoud se ahoga en una monotonía existencial que desgarra su alma como ceniza.
En la estantería un libro negro le llama la atención, tiene las iniciales “M.O.” y en ese instante, el libro lo reclama, un zarpazo en su apatía.
Abre el libro y dentro, una hoja de jazmín seca se desliza al piso con una nota en su propia letra, que no recuerda haber escrito. La nota: Destinos tejidos en las sombras del abismo, obra de un misterioso Mirdivla Omodrep.
Qué le indica que vaya a París y como un imán, lo arrastra a París, un espejo que corta con las preguntas que siempre ha esquivado: ¿es el autor de su destino o un títere en la pluma de otro?
Acompañado por Leonor Doblin, cuya seducción oculta traición, Harby se sumerge en un laberinto de espejos. En Sombrasville, una cámara circular lo enfrenta al Guardián de las Llaves, quien lo fuerza a elegir entre tres llaves: pasado, presente, futuro.

