Soy carpintero de profesión y lo afirmo con gran convicción: aunque la carpintería ha sido históricamente considerada un oficio, debería reconocerse como una verdadera profesión.
No se aprende en aulas universitarias, pero exige años de estudio constante, práctica disciplinada y formación simultánea en la experiencia real.
Además, cuento con un título universitario como licenciado en Psicología por la Universidad de Guadalajara. La primera de mis profesiones la carpintería, la aprendí en
distintos talleres, de la mano de maestros con décadas de experiencia, hombres que, en su momento, estuvieron dispuestos a compartir conmigo su conocimiento con generosidad.
Así se forma un carpintero: no solo con técnica, sino con legado. Y del mismo modo, yo también he tenido la oportunidad de transmitir ese conocimiento a quienes han querido aprender, honrando así la continuidad de este saber.
La carpintería me ha regalado mucho más que un medio de vida; me ha brindado satisfacciones profundas, enseñanzas valiosas y experiencias que trascienden el trabajo con la madera.
A través de ella, he desarrollado habilidades en negocios, finanzas personales y administración, entendiendo que cada proyecto no solo se construye con las manos, sino también con visión.
Mi segunda profesión llegó más tarde, pero no por ello con menos fuerza. A los cuarenta y cuatro años tomé una decisión que marcó mi vida: estudiar psicología. Fue un reto personal, casi un desafío interno.
Sentía la necesidad de demostrar quizás a alguien más, pero sobre todo a mí mismo que podía lograrlo y lo logré. A los cuarenta y nueve años recibí el título que me acredita como psicólogo clínico, con perfil en psicología laboral y educativa.
Los logros personales y los buenos ingresos son, sin duda, gratificantes. Pero lo más valioso que he obtenido al ejercer ambas profesiones ha sido la oportunidad de impactar la vida de otros.
Desde la carpintería, contribuyendo a mejorar los espacios donde las personas viven y construyen su día a día. Desde la psicología, aportando a la salud emocional y al bienestar de muchas personas.
Siempre he sido una persona curiosa e imaginativa. He incursionado en diversos proyectos de carpintería y negocios, pero también he explorado temas que no necesariamente están
relacionados con mis profesiones.
Pregunto, investigo, aprendo… simplemente por el deseo genuino de conocer. Esa curiosidad ha sido una de mis mayores fortalezas.
Nunca he sido conformista. Siempre estoy en búsqueda de algo más. No me basta con vivir bien; quiero viajar, conocer mi país México, descubrir otras culturas, hospedarme en grandes hoteles y construir negocios que generen ingresos constantes sin requerir mi
presencia física permanente. Esas son mis metas a mediano y largo plazo.
He vivido ya algunos años, y le pido a Dios y al universo que me permita vivir muchos más. Porque vivir es extraordinario cuando se tienen objetivos, metas, ilusiones y sueños. Pero, sobre todo, cuando se aprende a encontrar la felicidad en los pequeños detalles, a
disfrutar el presente mientras se planifica el futuro… por si llega.
He aprendido a disfrutar cada experiencia, cada situación, cada jornada de trabajo. Y en ese proceso, aprendí también a ser feliz. De tal manera que, si la vida se me escapa antes de alcanzar todos mis anhelos, puedo decir con certeza que habré sido bien recompensado… porque aprendí a valorar más el camino que la meta, más el proceso que la llegada.
Soy el autor del libro El camino de Alberto.

